martes, 19 de junio de 2012

Construcción de Tesauros


Ya nada, o casi nada, se escapa de Internet.
Todo está ahí.
Si uno se fija bien en los años que lleva en funcionamiento, nos darmos cuenta de que no llega las dos décadas, y ya desde hace años se ha convertido en el medio de comunicación imperante.
Basta recordar lo poco que tardó el gobierno del Partido Popular en 1996 en controlar RTVE y lo que ha tardado ahora tras las últimas elecciones.
¿Será que ya no es tan importante controlar la televisión y la radio pública?

Es evidente que Internet ha substituido los medios de telecomunicación más populares del siglo XX.
Si bien la telefonía móvil se podría decir que es un desarrollo de la fija y tradicional, quizá sería bueno afirmar que ha cambiado completamente a esta, convirtiéndose por sí misma en otra cosa parecida pero distinta.

Como decía, todo está en Internet.

La información, quien la genera y quien la consume están en un mismo sitio, donde todos están intercomunicados con todos y con nadie a la vez. Todos y nadie a la vez es dueño de la Red.
Desde la llegada de la web 2.0, aún es más visible el carácter colaborativo de la misma, con lo que la información se ha disparado.
Si en sus primeros años era un medio a parte del tradicional, del texto, llevamos ya casi inmersos en una década en la que mucha información sólo se produce, se desarrolla y muere en Internet.
Desde aquellas informaciones más propias de lo cotidiano, como la compra de productos (billetes de avión por ejemplo), información factual (horario de una línea de autobuses)...hasta los grandes sistemas de información y comunicación (relación de la Administración con sus administrados).

Esto genera un mundo paralelo (o ya no tan paralelo) con vida propia, que necesita su tratamiento, su ordenación, su propia razón de ser, su (meta)lenguaje propio, su filosofía...
Internet ya no es una mera transposición de lo existente en la vida real, y 'maquinalmente' volcado en la RED.
Ahora la RED es la RED. Por sí misma.

¿Y cómo podemos controlar la Información creada en este nuevo mundo, hacerla describible, recuperable, manejable?
¿Dónde nos encontramos los documentalistas, si aún usamos herramientas propias del mundo anterior, como los tesauros?

Pues aunque pueda parecer al contrario, los documentalistas nos encontramos en la Web 3.0, que es aquella nueva relación internet-usuario que permite describir semánticamente (en su significado) la web, no sólo sintácticamente o formalmente.
¿Pero cómo instrumentar esta nueva fase?
A través de los antiguos Tesauros. O de las esencias que en ellos había.

Una conclusión muy clara que me ha quedado del trabajo en red, donde a través de Tagsbook hemos intentado crear un tesauro personalizado, es la necesidad para la RED en global de un Tesauro, o de una técnica e instrumentación parecida ala del Tesauro para poder controlar el universo 2.0.
No sería sólo pues encontrar un conjunto de términos (etiquetas) que describan someramente un documentos, sino algo más profundo, que posea un lenguaje y una manera propia de solucionar los problemas grandes en cuanto a la descripción y posterior recuperación de información..

Pero si aún está poco desarrollada la 2.0, o al menos las posibilidades que su dominio como herramienta genera, menos aún la posibilidad de controlarlo.
Siempre he tenido la idea de que la gente ve Internet como una especie de 'cajón de sastre'.
Todo está ahí pero da igual cómo esté y dónde se encuentre, ya que lo que está ahí está en el mundo real también, así que tampoco hay nada de lo que preocuparse.
Pero como he comentado, ahora hay cosas que ya sólo existen en la Red (sobre todo aquellos documentos audiovisuales, fotográficos, sólo visuales o sólo de audio).

En definitiva, ¿qué papel y posibilidades tienen los tesauros?

Creo que son todas.
El papel es el de siempre: organizar el conocimiento bajo un lenguaje inequívoco.
Los lenguajes que actualmente tienen más tirón son los basados en el XML: el OWL y el RDF.
Todo esto gestionado o centralizado por W3C, que normaliza lo que se halla en la Internet.
Estos lenguajes guardan como característica común el hecho de que permiten darle un significado al website que uno quiere describir.
A través de metadatos (es decir, datos que explican datos), se puede describir un documento electrónico.

Es aquí donde creo que el documentalista tiene su papel más fundamental: creo que el poder aplicar las antiguas herramientas de Organización del Conocimiento y Análisis de Contenido para la creación de un conjunto reconocible de metadatos (lo que popularmente se conoce como tags), que se puedan compartir independientemente de la máquina que se use.
Realizar una especie de conjunto universal de ellos, que con las nuevas tecnologías no parece difícil, pudiera ser el nuevo papel del documentalista.
Habría de atender ala diversidad social, regional y cultural, para crear un conjunto de metadatos entendible y usable.
El Tesauro, como ya avancé, podría incorporar al nuevo modelo la organización interna del mismo: cómo se han de redactar los metadatos (términos); cómo se pueden jerarquizar; cómo se pueden hacer adendas...así como la filosofía de la herramienta, como instrumento para la recuperación de información.

Por tanto, para la web 3.0, la web semántica como se llama, sí le veo un uso y un papel preponderante.

Para las soluciones que se propone en la web 2.0, la web social, como es llamado, existen las folksonomías, en cuyo lugar no parece, en mi opinión, encontrar hueco los tesauros.
Las folksonomías son un conjunto o lista de términos, no normalizados (ni pretende estarlo) en el que a través del lenguaje natural un usuario toma un/os término/s (etiquetas) para indizar (etiquetar) el contenido de un recurso.
No creo que aquí tanto el documentalista como los antiguos tesauros tengan su nicho para actuar.
Se trata de un movimiento generado por la propia web social que ante todo busca su propia libertad, e intentar normalizarlo no se presenta como buena idea.

Dicho todo esto, sí veo un papel de importancia para los tesauros en el ámbito de la web 3.0, no tanto en la 2.0 o social, ya que se trata más de una filosofía, una manera de entender Internet en el que los documentalistas y los tesauros no nos debemos meter.

Más información útil aquí


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